Bill Gates irrumpe en un nuevo mercado

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Desde tiempos muy lejanos, la literatura de cienciaficción hizo diferentes predicciones respecto de la tecnología de comunicaciones. Uno de los ejemplos más populares son los comunicadores y tricorders que utilizaba la tripulación del capitán Kirk, en la serie «Viaje a la estrellas», que han servido de inspiración y que funcionan como una especie de «fantasma semiótico» que contamina nuestra realidad. El marketing ha operado un interesante cambio en el objetivo tecnológico de base de un determinado aparato, y un teléfono celular, concebido primariamente como medio de comunicación, ha pasado a transformarse en un efectivo entretenimiento para matar el ocio urbano. Lo mismo puede aplicarse al mundo de la música con el mp3, ideado como herramienta para ahorrar espacio y ganar velocidad a la hora de bajarlo desde Internet, y devenido en formato por antonomasia de los tiempos modernos.

La evolución lógica de los reproductores portátiles de mp3 son aquellos que permiten, además, la reproducción de imágenes de video, y el iPod de Apple se transformó rápidamente en un estándar difícil de enfrentar. Si la xBox de Microsoft funciona como respuesta y competencia, en el sector de las consolas de videojuegos, de la PlayStation de Sony, incluyendo en la batalla también el capítulo que se refiere al formato de DVD de alta definición (Microsoft apoya al HD-DVD mientras que Sony hace lo propio con el Blu-ray), el nuevo producto bautizado Zune hace lo propio con el desarrollo de Apple.

Y la apuesta de la empresa de Bill Gates se presenta con innovaciones que podrían poner en apuros a su competencia: gran variedad de periféricos, una pantalla que es 50 por ciento más grande, similares 30 gigabytes de almacenamiento en disco y capacidad wi-fi incorporada, es decir, posibilidad de conectarse de manera inalámbrica a Internet (obviamente, sólo en los lugares que ofrezcan esa alternativa). El último punto a destacar es el precio: el Zune es 10 por ciento más barato que el iPod, una consideración que podría ponerlo al tope de las ventas de estas fiestas de fin de año.

Marketing y futurismo mediante, el espectáculo cinematográfico se convierte más y más en una actividad solipsista, y aunque pregonemos que no existe parangón entre la sala de exhibición y una mínima pantallita, lo cierto es que las nuevas generaciones crecen en una ciberósfera digital que no puede dejar de considerarse.

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