Que fácil que es hablar de los demás. Que fácil es poder marcar lo que está bien o mal en las otras personas. ¿Y nosotros somos santos? Que nos juzguen los demás entonces pareciera ser la variante más válida.
Lo que ocurrió noches atrás con el «Burrito» Ortega en un baile de cumbia en Maipú, Mendoza, hubiese pasado desapercibido si era otro jugador o si Ortega no estuviese tan involucrado con todo lo que la noche tiene atrás.
Si bien, es sabido que a él le gusta más la noche que los chocolatinesde ahí a que no pueda salir por el revuelo que se arma, no es vivir.
Según palabras textuales del burrito, consultado por su estado etílco: «No voy a contestar ese tipo de preguntas. No tengo por qué decir lo que hago con mi vida. Me hago cargo de mis cosas y nada más, sólo quiero aclarar lo de la salida del viernes para que no se digan cosas que no son. Hay otros colegas que van a ver bandas y no se arma tanto lío».
El jugador se siente feliz en Mendoza y hay que mantener el control sobre su persona y protegerlo. Nada de amigotes que lo único que hacen es sacar nos billetes con sus caños y gambetas.
Sobre los dirigentes de su ex club dijo: «No puedo opinar de los dirigentes de River, desde que me fui del club nunca nadie me llamó y no puedo contestar si ahora quieren que vuelva porque no tengo más trato con ellos”.
Dejemos al jugador con su magia y pensemos en Ortega, a quien le queda mucho por jugar.
Disfruten estos golazos con todas las letras.










Primero que todo los borrachos sino se tratan van a seguir siendolo, pero el burrito no tiene cura, es asi. Es la manera de funcionar que tiene el