La gata Leila estaba sobre la mesa durmiendo como todos los días pero su eterna enemiga, la paloma, no lo podía permitir. Entonces empezó a zumbarle en la oreja hasta que, como no podía ser de otra manera, la gata se terminó cansando.
La gata Leila estaba sobre la mesa durmiendo como todos los días pero su eterna enemiga, la paloma, no lo podía permitir. Entonces empezó a zumbarle en la oreja hasta que, como no podía ser de otra manera, la gata se terminó cansando.