Resulta increíble pensar que los más avisados funcionarios provinciales que intervinieron en la venta del Patio Olmos no se hayan dado cuenta de que también vendían dos salas del Teatro.
Hace 17 años. el Gobierno de Córdoba, encabezado en aquel entonces por Eduardo Angeloz, decidió convertir el viejo edificio de la Escuela Olmos de la capital provincial en un shopping. Encontró fuerte oposición, que tuvo su cenit en la inauguración del centro comercial en mayo de 1995, cuando funcionarios e invitados ingresaron al lugar bajo una lluvia de huevos e insultos lanzada por manifestantes que pedían «más escuelas y menos shoppings».
Para hacer más simpática la idea, la administración angelocista la presentó como la «refuncionalización y puesta en valor del edificio de la ex Escuela Gobernador José Vicente Olmos para la preservación del patrimonio histórico-cultural de la ciudad». El entonces ministro de Obras Públicas, José Ramos, destacaba: «No hay transferencia de dominio al sector privado y en consecuencia todas las obras que se ejecuten quedarán de propiedad del Estado provincial al término de la concesión».
La venta que acaba de hacer el Gobierno de José Manuel de la Sota echa por tierra esa esperanza. No sólo que los cordobeses ya no son dueños del complejo, ahora en manos de una empresa transnacional, sino que además el principal escenario teatral de la provincia fue mutilado: dos salas de ensayos que usan los cuerpos artísticos fueron enajenadas.
Hubiera bastado un simple trámite administrativo -su sometimiento a un régimen de propiedad horizontal- para evitarlo. Pero no se hizo. ¿Por qué?
El Gobierno provincial actuó con inexplicable apuro no sólo en la venta del Patio Olmos sino también en la de los terrenos del ex Batallón 141, ubicados junto al mayor pulmón verde de la ciudad.
Resulta increíble pensar que los más avisados funcionarios provinciales que tuvieron a su cargo la transferencia del Patio Olmos no se hayan dado cuenta de que, junto con el edificio del centro de compras, estaban vendiendo dos salas del Teatro del Libertador. También resulta increíble el silencio de las principales autoridades de las áreas de Cultura y de la Fiscalía de Estado.
El problema no es que las salas puedan seguirse o no usando. El tema es que ayer eran patrimonio de los cordobeses, dentro de una propiedad alquilada, y ahora serán habitaciones prestadas dentro de un predio ajeno. El emblema de Patio Olmos, usado en su fachada, en sus publicidades, en cada folleto, parece resumir la expresión ciudadana frente a este despojo: «¡O!» es un grito asombrado, indignado. Y que algunos políticos todavía no escuchan.









