Eclipse de sol y equinoccio, con un día de diferencia

EclipseEste año, el equinoccio de primavera del hemisferio Sur (otoño en el Norte) se producirá el 23 de septiembre a la 1.03 hora local (4.03 UT) y vendrá acompañado de un eclipse anular de Sol, que desde la Argentina se podrá observar como parcial en el amanecer del 22.

Además, se formará la Luna nueva, condición indispensable, aunque no única, para que sea posible un eclipse solar.El eclipse del viernes será visto como anular en una ancha franja que cruzará gran parte del Atlántico y sólo tocará tierra en el norte de Sudamérica; en Argentina, Chile, parte de Africa y de la Antártida, se lo apreciará como parcial

A diferencia de los eclipses totales de Sol -que tienen lugar cuando la sombra de la Luna tapa a la Tierra-, en los anulares la sombra no es tan grande y por eso se ve el anillo brillante del disco solar alrededor del disco negro de la Luna.

Los eclipses parciales tienen lugar en las zonas penumbrales que quedan fuera de la banda barrida por la sombra de la Luna, y en este caso el Sol sólo se oscurece en parte.

El inicio de la parcialidad del eclipse de Sol del viernes 22 será a las 7:13, el máximo a las 7:54 y su fin a las 8:38.

Al día siguiente, a las 1.03 hora local, se producirá el equinoccio de Libra y comenzará la primavera en el hemisferio austral y el otoño en el boreal.

Contra lo que se suele creer, la primavera en el Sur nunca comienza el 21 de septiembre, sino entre el 22 y el 23; en cambio, en el Norte (otoño en el Sur) se inicia entre el 20 y 21 de marzo, con el equinoccio de Aries.

En ambos casos, lo que resulta igual en toda la Tierra es que el Sol aparece a las 6 y desaparece a las 18, es decir, que el día tiene la misma duración que la noche: 12 horas. Y a esto debe su nombre: equinoccio significa «igual a la noche».

Ultimamente ha surgido un movimiento internacional que reivindica al equinoccio de primavera como un día de unidad de la humanidad y de renacimiento de los valores.

En el Norte ese día es el 21 de marzo, fecha en que hasta 1582 se celebró en casi todo el mundo el año nuevo, en virtud de que este equinoccio marca el comienzo del año natural, astronómico y astrológico (la seguidilla de signos empieza por Aries); pero el calendario gregoriano, impuesto en un principio sólo en los países católicos, fijó sin ningún fundamento el 1 de enero, y así quedó.

La primavera en el Norte suele coincidir también con la Pascua de Resurrección, celebración fundamental del cristianismo.

Pero al sur del Ecuador, la coincidencia con la primavera no es menor: en 2006, el Rosh Hashana (año nuevo judío) cae en 22 y 23 de septiembre; el 24 comienza el Ramadán islámico; el 21 es el Día del Estudiante; y Brasil, el 7, y Chile, el 18, festejaron sus fiestas nacionales.

Desde el 23 de septiembre al 21 de diciembre, los días se irán alargando en el Sur y sucederá a la inversa en el Norte, dando lugar al verano en un caso y al invierno en el otro.

En el Sur, el día más largo del año es el del solsticio del 21 de diciembre, que marca la culminación del verano; en tanto que en el Norte es el más corto y marca el fin del invierno.

Sin embargo, desde septiembre y hasta el próximo equinoccio, los días seguirán siendo en el Sur más largos que las noches, y en el Norte, más cortos.

Otro hecho notable es que en los equinoccios la aparición del Sol coincide con el punto cardinal Este, y su desaparición con el Oeste, lo que no ocurre en ningún otro momento del año. Además, la altura de la eclíptica en el cielo es igual de día y de noche.

La eclíptica es, vista desde la Tierra, la franja del disco del sistema solar por el que transitan el Sol, la Luna y los planetas, dando la impresión de tener un movimiento geocéntrico, cuando en realidad es heliocéntrico.

El 23 de septiembre, quienes estén cerca del Ecuador, verán al Sol del mediodía justo sobre sus cabezas y ningún objeto vertical proyectará sombra; en cambio, quienes estén en los polos, verán al Sol del mediodía justo sobre el horizonte.

Pero, mientras en el Polo norte lo verán por última vez hasta el equinoccio de Aries; en el Polo Sur, el 23 de septiembre será el comienzo de un día que durará seis meses y que finalizará el 21 de marzo, para comenzar una noche de seis meses.

Los equinoccios y solsticios se deben, entre otras cosas, al ángulo de 23,44 que tiene el eje de rotación de la Tierra con respecto al eje de su plano orbital, es decir que nuestro planeta gira inclinado.

Como el eje de rotación apunta siempre a la misma dirección del cielo -el Polo sur celeste- a medida que el planeta gira alrededor del Sol, el ángulo va cambiando.

La inclinación orbital también tiene que ver con los eclipses: si la órbita de la Tierra estuviese en el mismo plano que la de la Luna, habría dos eclipses por mes: uno lunar, por cada Luna llena, y uno solar, por cada Luna nueva.

Pero, como están en distintos planos, los eclipses tienen lugar sólo cuando la Luna o el Sol están cerca de los dos puntos -llamados nodos lunares- donde se cruzan las órbitas. Esto hace que no haya más de cuatro o cinco eclipses de ambos tipos, por año.

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